¿Qué es una fiesta ibicenca?

¿Qué es una fiesta ibicenca? El arte de vestir de blanco y fingir que estás en Ibiza

Ah, la fiesta ibicenca. Ese ritual veraniego donde todos nos vestimos de blanco, bebemos mojitos y pretendemos estar en una playa paradisíaca, aunque en realidad estemos en el patio trasero de la casa de Paco o en un adosado de Getafe. Es ese curioso fenómeno donde se nos permite vestirnos como helados de vainilla y bailar como si nadie nos estuviera mirando (aunque todos sabemos que en realidad están grabando para sus stories).

Pero, ¿de dónde viene esta tradición y por qué nos empeñamos en seguirla año tras año? Vamos a desentrañar los misterios de esta celebración que ha conquistado terrazas y jardines de todo el país. Porque, amigos míos, en una fiesta ibicenca lo importante no es estar en Ibiza, sino hacer creer a tu Instagram que lo estás.

Así que ya sabes, la próxima vez que te inviten a una de estas fiestas, viste de blanco, prepárate para beber más mojitos de los que puedas contar y, sobre todo, no olvides fingir que estás pasando el mejor momento de tu vida.

Orígenes: De hippies a instagramers

La fiesta ibicenca tiene sus raíces en la moda Adlib de los años 70, cuando la isla se llenó de hippies que querían vestir "como les diera la gana, pero con estilo". Imaginen la escena: Jim Morrison paseando por Dalt Vila con un pantalón acampanado blanco, mientras Janis Joplin le grita "¡Eh, tío, que combina con tu aura!".

Con el tiempo, esta tendencia evolucionó de "viste como quieras" a "viste de blanco o no entras". Curioso giro de los acontecimientos, ¿no creen? De la libertad hippie al dress code más estricto del verano. Como diría mi abuela: "Hijito, de la rebeldía al conformismo solo hay un paso... y un filtro de Instagram".

La decoración: Blanco nuclear y luces de Navidad en julio

Para organizar una auténtica fiesta ibicenca, necesitas convertir tu espacio en un santuario del color blanco. Carpas blancas, cojines blancos, manteles blancos... Básicamente, imagina que has caído en un cubo de pintura blanca y has salpicado todo a tu alrededor.

Añade luces tenues, velas y, si quieres ser muy auténtico, esas luces de Navidad que guardas en el trastero. Porque nada dice "fiesta ibicenca" como unas lucecitas parpadeantes que compraste en los chinos hace tres años.

El vestuario: Fifty shades of white

Aquí viene lo bueno. El código de vestimenta es simple: blanco. Pero ojo, que hay más tonos de blanco que argumentos tiene un político en campaña. Está el blanco nuclear, el blanco roto, el blanco hueso, el blanco nata... Y ay de ti si te equivocas y llevas el blanco equivocado.

Para las chicas, el vestido largo y vaporoso es la opción estrella. Cuanto más te parezcas a un fantasma victoriano, mejor. Los chicos, por su parte, pueden optar por el look "recién salido de una secta": pantalón y camisa blanca, preferiblemente de lino para maximizar las arrugas.

La comida: Mediterráneo en miniatura


En una fiesta ibicenca auténtica, la comida debe ser tan blanca como la ropa. Vale, esto último es broma, pero sí que debe ser mediterránea y, a ser posible, en formato mini. Prepárate para ver diminutas albóndigas persiguiendo a aceitunas microscópicas por platos del tamaño de posavasos.

Y no nos olvidemos del alioli, ese condimento que te garantiza que nadie querrá besarte en toda la noche. Pero eh, ¡estás en una fiesta ibicenca!

La bebida: Mojitos y más mojitos


Si no hay mojitos, no es una fiesta ibicenca. Podrías servir champán en copas de cristal de Bohemia, pero si no hay un mojito en un vaso de plástico, tus invitados pensarán que se han equivocado de fiesta.

Eso sí, prepárate para ver cómo esos inmaculados vestidos blancos se van llenando de manchas verdes a medida que avanza la noche. Es parte del encanto, dicen. Yo lo llamo "el momento Hulk de la fiesta ibicenca".

La música: Del chill-out al reggaetón en tres copas


Toda fiesta ibicenca que se precie empieza con música chill-out. Sonidos de olas, pájaros exóticos y algún instrumento que nadie sabe identificar. Pero a medida que el nivel de mojito en sangre aumenta, no te sorprendas si de repente suena "Despacito" a todo volumen. Es el ciclo natural de la fiesta ibicenca.


En resumen, la fiesta ibicenca es ese curioso fenómeno donde todos fingimos estar en una isla paradisíaca, aunque estemos en un adosado de Getafe. Es el momento del año en el que está permitido vestirse como un helado de vainilla y bailar como si nadie nos estuviera mirando (aunque todos sabemos que en realidad están grabando para sus stories).

Así que ya sabes, la próxima vez que te inviten a una fiesta ibicenca, viste de blanco, prepárate para beber más mojitos de los que puedas contar y, sobre todo, no olvides fingir que estás pasando el mejor momento de tu vida. Porque eso, amigos míos, es el verdadero espíritu de la fiesta ibicenca.

Y recuerda, como decía el famoso filósofo ibicenco Sócrates Martínez (vale, me lo acabo de inventar): "En la fiesta ibicenca, lo importante no es estar en Ibiza, sino hacer creer a tu Instagram que lo estás".

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